Ricardo Aronskind, Economista (UNGS-UBA): “El MERCOSUR debería retomar el viejo proyecto latinoamericano de construir una estructura productiva integrada”. Entrevista exclusiva de Iniciativa

Reportaje de Telémaco Subijana

Entrevistamos en exclusiva al economista Ricardo Aronskind. Docente e investigador (UNGS y UBA), es integrante del Plan Fénix. En esta entrevista reflexiona acerca de la situación económica actual de Europa, Estados Unidos y China y anticipa el escenario para los próximos años. También analiza la economía argentina y los desafíos frente a un contexto de crisis internacional. Su opinión sobre la reforma del mercado de capitales, la restricción a la compra de divisas y el debate sobre la inflación. Leer más.

¿Cómo analiza la situación económica actual de nuestro país considerando el contexto de crisis internacional?

En principio, veo la situación económica actual con preocupación porque veo con preocupación el contexto global. En los próximos años, la Argentina no va a tener los ritmos de crecimiento ni la posibilidad de aumentar el gasto público como en períodos anteriores, pero, al mismo tiempo, tenemos una ventaja importante: el gobierno mantiene el control de la situación económica y ya ha demostrado que no tiene pruritos ideológicos en materia de intervención de la economía. Mi impresión es que en los próximos tiempos, no solamente en Argentina, sino en general, va a ser necesario reforzar la intervención estatal dados los desequilibrios que se han venido produciendo. En este sentido, si bien hay un horizonte de turbulencias internacionales importante, considero que en el mediano plazo necesariamente va a haber una reversión de las medidas neoliberales a nivel global. Hasta el momento, algunos gobiernos latinoamericanos han tenido que remar contra la corriente y de alguna forma han tenido que soportar campañas internacionales de desprestigio, de hostigamiento; pero creo que ese clima va a cambiar.

¿Cómo analiza la desaceleración económica de Brasil durante este año y cuál sería el impacto de una posible devaluación del Real?

Considero que Brasil en la actualidad está haciendo una política un poquito más inteligente, de corto plazo. Esto en un contexto muy ambiguo, tal como viene siendo la política de Brasil de la última década, en donde se combinan algunas políticas distribucionistas con la convivencia con el capital financiero internacional -expresada en las políticas del Banco Central de Brasil. En este contexto, da la impresión de que los pésimos resultados que tuvo Brasil en la primera parte del año -debido a las políticas contractivas- llevaron a que tenga preeminencia, en este momento, una actitud más expansiva. Por eso se pronostica que Brasil va a crecer cuatro por ciento el año que viene.

Con respecto a la segunda parte de la pregunta, es claro que Brasil no tiene un tipo de cambio adecuado pero esto no implica, en el caso de este país, una devaluación gigantesca. Por otro lado, los especialistas entienden que en los intercambios comerciales entre Brasil y Argentina el tipo de cambio no es un elemento fundamental para explicar el comercio. En este sentido, a menos que ocurra alguna cuestión de forma dramática, cosa no está en el horizonte, considero que no hay un peligro de ese tipo para la Argentina en el futuro. El peligro estratégico es que Brasil siga sometido al capital financiero; a nuestro país le conviene que Brasil crezca productivamente.

¿Cómo analiza el ingreso de Venezuela al MERCOSUR? ¿Cuáles serían los principales aportes de su economía?

El aporte de Venezuela tiene un potencial muy grande en dos planos muy distintos. El primero tiene que ver con la cuestión energética y con la demanda de bienes industriales que genera hacia nuestros países. Por otro lado, en un plano más simbólico, la incorporación de Venezuela al MERCOSUR refuerza una dimensión generalmente dejada de lado: la dimensión de la política estratégica. Venezuela aporta un discurso, una mirada, incluso una pasión, latinoamericana. Y esta es imprescindible para que la profundización del proceso de integración tenga sentido. En el otro extremo está Paraguay, coqueteando con la posibilidad de una alianza estratégica con Estados Unidos. Ese tipo de socios debilitan el proceso y son caballos de Troya dentro del MERCOSUR.

¿Hacia dónde crees que deberían orientarse las políticas económicas y productivas del MERCOSUR?

Claramente el MERCOSUR debería retomar el viejo proyecto latinoamericano de construir una estructura productiva integrada en el mayor grado posible. ¿Esto qué quiere decir? Construir un mercado hacia dentro, de manera tal que cada vez más los intereses económicos de cada uno de los países estén adentro de la región. Hoy día la mayor parte de nuestros socios están afuera y no adentro. Ese es un tema dificilísimo, que debe ser revertido con coordinación entre los Estados, con planificación, sabiendo al mismo tiempo que nuestros países son sometidos a una presión externa e interna muy fuerte por parte de factores anti-integración.

Recientemente se llevó adelante el Congreso del Partido Comunista chino que designó a Xi Jinping como su nuevo líder y próximo Presidente de China. Teniendo en cuenta las relaciones comerciales con Argentina y la región, ¿como analiza el papel de este país para los próximos años?

Si bien no soy experto en China, trato de mantenerme informado. Hecha esta aclaración, creo que China es una gran caja negra y no queda claro en qué dirección está yendo. En este sentido, luego de la designación forma de Xi Jinping pude ver algunos comentarios de la prensa financiera internacional que se manifestaban un poco decepcionados. Parece que estos analistas esperaban avances más claros hacia el capitalismo y este próximo gobierno sería más sereno en este sentido. Es decir, que no cambiarán la orientación, pero si la moderaran. En este contexto, China tiene mucho para hacer porque objetivamente tienen mucho potencial para crecer internamente. Esto claramente indicaría todo un reposicionamiento en el mercado internacional que para nuestro país sería muy bienvenido porque la presión competitiva China es desastrosa para la industria de América Latina. Nos están arrasando y no lo vamos a poder sostener mucho tiempo precisamente porque China también nos compra productos sin elaboración -a Brasil, por ejemplo, le compra hierro. Estamos ante un problema serio. Entonces, a nosotros nos conviene que China deje de ser esa potencia exportadora en base a un tipo de cambio muy devaluado y pase a ser un país más normal, que integre a sus más de mil trecientos millones de habitantes, que les dé buen nivel de vida, que aumente los salarios y deje de ser esa especie de ariete contra los trabajadores de todo el planeta como ha sido en estas últimas décadas.

China tiene todavía muchas cuestiones para resolver, especialmente las desigualdades sociales y los problemas ecológicos que está generando el crecimiento económico. En la medida que la sociedad china se sofistique y no se aguante un sistema de partido único, eso implica un montón de negociaciones. Implica que surjan complicaciones y que esa tasa de crecimiento feliz, basada en gente que no protesta y que cobra salarios bajos, se termine para que de lugar a otros ciclos más interesantes. De todas formas, al momento de pensar en el largo plazo, también debemos analizar cuestiones demográficas que son bien interesantes. En este sentido, los países que están demográficamente con un potencial de crecimiento grande son la India y África.

¿Cómo analiza la crisis en Europa y las soluciones que vienen promoviendo sus líderes y los organismos internacionales?

Creo que a veces la historia avanza por el lado malo, como decía Hegel, y desgraciadamente en el caso europeo la dirigencia alemana y de Bruselas son totalmente miopes en relación a los procesos que están empujando en el sur. Su diagnóstico es que esos países están enquistados, que no trascienden, lo que es una estupidez increíble. Cualquier episodio o evento importante que pase en Grecia o España va a detonar otro conjunto de efectos en Italia, Francia, Bélgica, Irlanda o Portugal. Pareciera que Alemania está en un sexto piso contenta porque está lejos del incendio del primer piso ignorando que el fuego va en la dirección de arriba. Se trata de una miopía total. El proyecto de bajar drásticamente el nivel de vida de algunos países de Europa en un muy corto plazo es inaguantable. En nuestro país, por ejemplo, se hizo a lo largo de treinta años. En este contexto, por ahora, la acción psicológica de la Unión Europea -al decir que esto es para evitar cosas mayores- va funcionando. Pero es cuestión de tiempo hasta que la gente vea el resultado de lo que es el mal menor. Considero que algo va a ocurrir en este sentido en el próximo tiempo: ya se algún tipo de estallido social o de quiebra de la coalición gobernante en Grecia. También es posible que avancen los proyectos independentistas en España (como en Cataluña) o que se den eventos de violencia social en el sur del país, en donde el desempleo llega al 35 %. Todo esto va a detonar en un sacudón muy fuerte a un nivel de recambio en la dirigencia o incluso la ruptura de la Unión Europea, entre los ortodoxos que se creen que su prosperidad depende sólo de ellos y no del resto. Y el resto de Europa está con muchos problemas económicos y sociales. Por eso tengo la impresión de que claramente se van a revertir estas miradas.

Si Bruselas sigue con esta política, la única opción es la ruptura con la Unión Europea. No hay alternativa. España no está pidiendo el rescate por temor a lo que le van a pedir a cambio del rescate. El rescate es un rescate financiero y al mismo tiempo el hundimiento productivo. Entonces, si Bruselas no cambia, a los países del sur se los va a empujar a una situación muy dramática. Y ahí sí los cambios institucionales al interior de los países van a ser muy impresionantes. Grecia, por ejemplo, con lo débil que es su economía, o la va a tener que planificar y controlar muy severamente desde el Estado o no va a poder funcionar. Con mecanismos del mercado Grecia no existe. También es incierto hasta donde puede caer España si sigue ajustando y destruyendo todo el mercado interno.

Recientemente Barack Obama fue reelecto en Estados Unidos. ¿Cómo analiza el escenario para este país?

Las elecciones en Estados Unidos impactan en todo el mundo y, en ese sentido, nos acabamos de salvar de la pesadilla que hubiese sido el triunfo de Romney. En relación al escenario político y económico, a diferencia de otros autores que lo ven en decadencia, considero que Estados Unidos todavía tiene una gran cantidad de palancas disponibles en la mano disponibles. Está en el centro de muchísimas alianzas internacionales, en el centro del mercado financiero internacional y es el país tecnológicamente más productivo del planeta. De todas maneras, sí está perdiendo cierto grado de autoridad política y esto es importante. Si Estados Unidos se quiere especializar en las próximas décadas y ser de alguna forma el laboratorio del planeta, el lugar donde se generan las innovaciones, para poder productivizar esas innovaciones y transformarlas en recursos que entren a Estados Unidos, necesitan de un orden internacional acorde. Y las complicaciones vienen por la emergencia de China que libera a otros países del nivel de dependencia que tenían con Estados Unidos. Entonces, hay todo un orden que se está reestructurando. Estados Unidos necesita que haya un orden en el cual estén dispuestos a comprarles el tipo de bienes en los cuales se quiere especializar. Por lo tanto, hay un juego complejo. En este contexto, si Estados Unidos juega bien las cartas puede seguir siendo un país muy importante, sin tener el predominio que tenía hasta ahora.

Retomando la situación económica de nuestro país. Destacó la importancia de que el Estado intervenga. ¿Qué opina de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central?

La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central era fundamental desde hacía tiempo. Por otra parte, la presencia de Martín Redrado era muy dificil de explicar por las características de sus ideas y lo que representa en el pasado argentino. Por eso fue bienvenida la asunción de Mercedes Marcó del Pont, que implica otro planeta conceptual. Por otra parte, sería bueno que esta reforma sea complementada con una reforma integral del sistema financiero argentino que esté en línea con la lógica de todos estos otros progresos que se han hecho en los últimos años.

Recientemente también se aprobó la reforma de la ley que regula los mercados de capitales. ¿Qué opina al respecto?

Esta reforma es muy buena. Se trata de una reforma capitalista total, en el mejor sentido de la palabra capitalista, ya que hasta el momento el mercado de capitales era una cueva. No casualmente Argentina tiene una de las bolsas de valores más pequeñas de América Latina. Eso tiene que ver con el tipo de agentes económicos que estaban atrincherados ahí adentro y con la mezquindad de todo ese mercado, su carácter rentístico y parasitario. En este marco, la reforma tiene el sentido de transformarlo en un mercado capitalista, en donde verdaderamente entren capitales. La idea es que sea un ámbito en donde capitalistas que necesitan plata para invertir vayan ahí, que los ahorristas puedan poner su dinero, que entren empresas, que circule el capital, que se mueva la economía. Se trata de cuestiones básicas que no habría que explicarle a nadie, pero que en el caso argentino son como innovaciones. Y lo interesante es que la tiene que hacer un gobierno al que toda la derecha insulta como dirijista. Eso rebela lo que es la derecha económica argentina: parasitaria, rentística, mezquina, cortoplacista. Por eso lo que tiene que hacer un gobierno nacional y popular es hacer una capitalista a favor de un mercado más transparente, que funcione en un sentido de desarrollo económico.

También se aplicó la inconvertibilidad del $ para el ahorro. ¿Cómo analiza esta medida que ha generado tanto debate?

Es un tema que a mí me resulta muy importante. Incluso me sorprende que dentro del propio kirchnerismo no se lo plantea como un extraordinario mérito nacionalista. Esto más allá de los problemas que tienen los pequeños ahorristas para saber donde colocar sus excedentes financieros, que es un tema que debería ser abordado por el Estado. Del 2008 a la fecha, esos ochenta mil millones de dólares, fueron comprados mayoritariamente por las empresas, por los grupos económicos. Y el sentido era uno de fuga de capitales. Recientemente leí un estudio que explica que durante la convertibilidad se fugaron, en promedio, nueve mil millones de dólares por año y durante el período reciente trece mil millones de dólares por año. Por su parte, luego de la aplicación de esta medida, cayó drásticamente a un promedio de seis mil millones. Esto quiere decir que hay una gigantesca traslación de fondos útiles de la economía argentina al resto del mundo cuyo puente único es el dólar. En Argentina se estableció como un derecho natural que debe existir ese puente para que los capitales se puedan ir y que es obligación del Estado nacional suministrar ese puente. Pero esto es una cosa delirante. Se naturalizó la fuga de capitales cuando lo propio hubiera sido que sea dinero haya sido invertido en el país. Esa es la función de una burguesía nacional. Esto, a menos que el Estado Nacional no facilite esta situación y preserve los recursos para mantener la economía bajo control, estable, sin amenazas de desestabilización importantes. Por todo, creo que es una medida totalmente sensata desde el punto de vista económico y que debería ser mucho más fuertemente reivindicada, sin vergüenza. Al mismo tiempo, el Estado tiene que suministrar buenos instrumentos de ahorro en pesos para la gente que quiere ahorrar.

Destaca la importancia de avanzar en la transformación productiva. ¿Cuáles son las actividades con mayor potencial en Argentina?

Claro, es necesario transformar la estructura productiva y hacerla sustentable. Hoy día, estamos dependiendo de un complejo automotriz cuyo centro son empresas multinacionales. Entonces, resulta necesario reducir la dependencia de las multinacionales y, al mismo tiempo, mejorar el perfil exportador. Si bien no tengo un panorama completo en relación a las actividades con mayor potencial, la industria química, la farmacéutica y la de maquinaria agrícola, a modo de ejemplo, pueden desarrollarse y tener una tarea exportadora más importante. Incluso la producción de determinado tipos de barcos. Hay muchos rubros que tienen capacidad exportadora y que requieren apoyo sistemático desde el Estado. Considero que un apoyo generalizado a la industria no tiene sentido, hay que elegir áreas y sectores dinamizadores. En este sentido, el Ministerio de Ciencia y Tecnología está trabajando con empresas de este perfil. Por otra parte, Argentina cuenta con una empresa de excelencia y gran innovación como INVAP, que es pública, provincial y se dedica al diseño y construcción de sistemas tecnológicos complejos. Entonces, la idea sería reproducir muchos INVAPs en la Argentina. Se trata de una interesantísima actividad, que exporta, trae divisas y genera puestos de trabajo calificados. Sin embargo es una especie de secreto guardado.

¿Cómo analiza la discusión en torno a la inflación y cómo cree que debería actuar el gobierno en ese sentido?

Me parece que el Estado tiene instrumentos para presionar y ahí hay que trabajar sobre distintos sectores. En primer lugar, abordar el tema de la provisión de alimentos. No puede ser que tengamos problemas de carestía de alimentos en la Argentina. De alguna forma a ese sector hay que desconectarlo de algunas lógicas, de otras lógicas del mercado, y, en este sentido, creo que eventualmente el Estado tiene que trabajar con un sector cooperativo, amplio, de pequeños productores, que estén directamente relacionados a las demandas del Estado. Es decir, que el Estado sea el intermediador entre una amplia capa de productores a los cuales se les garantice buenos ingresos a cambio de buena calidad de productos y así garantizar la provisión de los grandes centros urbanos y sacarlos de los mercados.

En segundo lugar, el sector textil, en donde también hay mucho que se puede hacer. Recientemente leí un estudio de la Fundación Pro-Tejer que muestra que producir un textil en Argentina cuesta el 20% del precio final. Entonces, ¿cómo es posible que al consumidor argentino le llega a $ 100 un producto que podría salir treinta? Hay una distorsión que afecta la vida de los sectores populares.

El tercer tema tiene que ver con la vivienda. Está claro que con los diez años de crecimiento que ha tenido la Argentina, el tema de la vivienda no solamente no se soluciona sino que se complica y hay viviendas solamente para sectores de alto poder adquisitivo. Si bien el Estado ha construido viviendas a un gran ritmo, esto no alcanza. Por eso considero que debería haber una gran intervención estatal. A modo de ejemplo, hay una serie de prototipos de vivienda popular desarrollados por universidades públicas muy buenos, con buenos materiales, con vivienda agradable, confortables, de buena calidad y muy baratos. Entonces se trata de cuestiones que no pueden ser abordadas por el sector privado. Incluso generar semejante actividad sería beneficioso ante una crisis internacional más severa. Esto permitiría bajar la presión de los alquileres e impactaría en los bolsillos de las familias. Es otro tema de angustia en materia inflacionaria.

Por último, hay que trabajar sobre las cadenas de comercialización. A modo de ilustración, no es posible que el precio de la leche al productor esté en menos de 2 $ y al consumidor le llegue a 7 $. Esto requiere aplicar leyes antimonopólicas. Se trata de cuestiones que no son sencillas e incluso la misma gente que protesta contra la inflación debería estar dispuestas a movilizarse para respaldar políticas públicas de este tipo. Sino, protestan protestan, y cuando hay que defender lo que tienen que defender, no lo hacen. Es un problema que tiene que ver con el individualismo de las clases medias.

¿Cuál cree que son las asignaturas pendientes de cara a los próximos años?

Considero que el primer desafío es evitar la restauración neoliberal, que es algo que está latente. Estas movilizaciones que se vienen armando van en ese sentido. El macrismo es eso, la restauración neoliberal. Incluso es algo que está ocurriendo en toda América Latina. Entonces, esta es una primera cuestión, evitar esa restauración. En segundo lugar, evitar de alguna forma la disolución de un proyecto transformador desde adentro. Una manifestación de esto, por ejemplo, son las leyes de ART. Hay sectores internos que están en otro tipo de cosas, en la vieja Argentina de siempre. En este sentido, se trata de un tema que los gobiernos transformadores de América Latina tienen que tratar de evitar. Scioli es evidentemente la finalización del proyecto. Es algo similar a cuando Alfonsín designó a Angeloz como su sucesor; se había terminado el alfonsinismo y todo impulso reformista. Ahora bien, dicho eso, hay varias cuestiones que deben garantizarse. Por un lado, seguir dotando al Estado de recursos propios. Hay mucho por hacer todavía en materia impositiva para eliminar la evasión y la inducción. Son muchos fondos, muchísimos recursos que te pueden permitir ponerte dos o tres metas ambiciosas en materia de viviendas, en materia de eliminación de la indigencia y en materia de reconversión industrial y tecnológica. Si avanzamos en esas líneas se abre un panorama muy interesante en el mediano plazo.