Emilio Pérsico: “Hay que construir una correlación de fuerzas que permita institucionalizar las transformaciones logradas”. Entrevista al dirigente del Movimiento Evita y Subsecretario de Agricultura Familiar de la Nación

Reportaje de Jorge Makarz y Telémaco Subijana

Entrevistamos en exclusiva a Emilio Pérsico, Secretario General del Movimiento Evita y Subsecretario de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. En esta entrevista, explica las características que asume la agricultura familiar en la Argentina y señala los ejes de su gestión. Referente de la Corriente Nacional de la Militancia y de Unidos y Organizados, destaca que cada espacio tiene un papel diferente al interior del Proyecto Nacional y Popular ante el desafío de institucionalizar las transformaciones obtenidas durante este proceso político. También reflexiona sobre el modo en que el Estado comienza, desde 2003, a escuchar a los movimientos sociales y responder a los problemas populares a través de políticas públicas. Leer más.

Recientemente asumió el cargo de Subsecretario de Agricultura Familiar. ¿De qué modo fue convocado y qué características asume la agricultura familiar en la Argentina?

Fui convocado para darle continuidad al proceso de desarrollo de la agricultura familiar. Se trata de un sujeto que durante años estuvo postergado en la Argentina y, ante este marco, el gobierno nacional, reconociendo su potencialidad, le viene dando desde el 2003 un protagonismo importante.

En relación a las características de la agricultura familiar, se trata, fundamentalmente, de todos los alimentos frescos presentes en las mesas de los argentinos. Ahora bien, el problema es que también en este sector se ha venido produciendo una concentración. A modo de ejemplo, hay dos empresas lecheras que manejan el ochenta por ciento del mercado, y esto también es posible de observar en otro tipo de productos, como la fruta. Por eso, cuando decimos que la agricultura familiar tiene que tender a desmonopolizar, en realidad estamos discutiendo por un modelo de país. En este sentido, hay que atender a dos aspectos: contener la soberanía alimentaria local y regional y, en segundo lugar, la ocupación territorial de la Argentina-recordemos que los que viven en el campo son los pequeños productores. Siempre que se pensó la Argentina, no importa de qué lado de la historia, hubo una política de colonización, de división de tierras y de desarrollo territorial. El modelo neoliberal destruyó la producción y a los productores, y el proyecto nacional y popular iniciado en 2003 se encargó de revertir esta tendencia. Así, hoy están dadas las condiciones para iniciar un proceso de desarrollo del sector.

¿Cuáles son los ejes programáticos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar?

Son varios los desafíos que nos hemos propuesto: en primer lugar, la soberanía alimentaria local y regional. Este es el objetivo central. Si observamos lo que ocurre actualmente, el ochenta por ciento de las verduras que se consumen en la mayoría de nuestras provincias viene de la Pampa Húmeda. Ante este contexto, nuestro desafío es invertir esta ecuación: los pequeños productores de la economía familiar tienen que competir en dirección de ese objetivo central que es la soberanía alimentaria local y regional.

En segundo lugar, nos hemos planteado una estrategia orientada a cualificar la producción artesanal en la Argentina. Si miramos la experiencia europea, se llevó adelante un proceso como el que estamos proponiendo en defensa de los pequeños productores. El queso Roquefort o el Champagne, en Francia, o el Jamón de Bellota, en España, son claros ejemplos de protección y salvaguarda de la producción artesanal. En este sentido, es importante contar con protocolos de producción en donde no entren los monopolios del mercado, que permitan defender la producción artesanal y local. Ése otro desafío importante: la industrialización local de la producción artesanal a partir de protocolos de producción que la protejan de la concentración.

Otro objetivo es el de abordar la problemática de la tierra. No solo desde la defensa de la tierra campesina sino también a partir de una política ofensiva. Hoy contamos con doscientos cincuenta mil pequeños productores y el desafío es llegar al millón. Pensemos que esto significaría, en la Argentina, alrededor de cinco millones de compañeros y compañeras viviendo en el campo. Ese tendría que ser nuestro objetivo estratégico a conseguir, como esquema de país. Entonces, necesitamos una fuerte política de colonización, de vuelta al campo.

Por último, necesitamos dignificar el proceso económico de reconversión que se desarrolló en una parte del sector. Se hizo con poca participación del Estado, a partir de una política que podría denominarse del “árbol torcido”. A modo de ejemplo, en el caso de la horticultura, la acumulación de capital para su reconversión se dio a partir de la explotación de sus familias. Es por esto que nos hemos planteado el desafío de dignificar este proceso y generar herramientas de acompañamiento desde el Estado.

¿También se piensan implementar herramientas financieras?

Claro. En primer lugar, cabe destacar que hay elementos financieros que han ayudado mucho al sector de la agricultura familiar, como por ejemplo los microcréditos que otorga la Comisión Nacional de Microcréditos (CONAMI) que dependen del Ministerio de Desarrollo Social y fueron una iniciativa de la actual Ministra Alicia Kirchner cuando era senadora. Los mismos están muy desarrollados en las ferias francas y en las organizaciones de pequeños productores.

En el caso de la Subsecretaría de Agricultura Familiar, estamos desarrollando un proyecto muy ambicioso que tiene que ver con fondos rotatorios para el sector, que vamos a denominar “Consorcio de Crédito”. Por otra parte, también trabajaremos en el acceso al mercado financiero de los pequeños productores. Esta es una cuestión importante, un tercer escalón, por el cual estos productores podrán contar con una cuenta bancaria. Estamos discutiendo con algunas instituciones bancarias para desarrollar un producto que permita que el pequeño productor acceda a un crédito bancario después de haber hecho todo un recorrido por el cual pasó desde un microcrédito hasta el Consorcio de Crédito. En suma, son todas herramientas del Estado para garantizar el desarrollo de la agricultura familiar.

¿Y en relación a la comercialización?

Los compañeros y compañeras han tenido una actitud de resistencia en relación a la comercialización. Así, los pequeños productores, al haber más mercado en los pueblos producto del crecimiento económico, han salido con sus caballetes y hoy hay trescientas ochenta ferias francas en la Argentina. En esta línea, nuestro desafío es generar mayores canales de comercialización y promover la creación de mil ferias francas a través de un programa estatal. Además, hay toda un área de trabajo a profundizar en relación a los mercados regionales, es decir, los mercados concentrados regionales y municipales. Por otra parte, un tercer aspecto tiene que ver con la venta directa. Hay distintas alternativas como la de Fruta para Todos o la venta directa del productor al consumidor. En suma, buscamos desarrollar estos tres espacios a la par que trabajamos en relación al tema de la sanidad, que a veces dificulta la llegada del productor al mercado.

A partir de 2003 el Estado deja de ser un oponente de los movimientos sociales para convertirse en aliado. ¿Cómo analiza este proceso desde su experiencia como Secretario General del Movimiento Evita?

Tal como lo conversábamos con Néstor Kirchner, antes teníamos que golpear la puerta para que nos atendiera un funcionario y a partir de 2003 nos abrieron la puerta desde adentro. Esto tiene mucho que ver con lo que fue históricamente en la Argentina el movimiento popular en el gobierno, llámese peronismo o radicalismo. El peronismo tiene como característica, tal como lo señalaba Perón, meter el conflicto social dentro del Estado para transformarlo en políticas y soluciones concretas para los compañeros. En este sentido, el proceso que se inicia en 2003 no le ha escapado a los problemas sino todo lo contrario. Primero con Néstor y actualmente con la Presidenta Cristina Fernández, el gobierno ha escuchado y acompañado a los movimientos sociales, y ha tenido una política de ir hacia los problemas. Tal como lo afirmaba el Presidente Kirchner, “donde hay un conflicto, hay compañeros que necesitan una respuesta”. Y la respuesta no puede ser la policía; tiene que ser el Estado dialogando y generando soluciones a los diferentes conflictos que pueden existir en la sociedad a través de políticas públicas. Esa es la tarea del Estado.

Ante el proceso de recuperación, crecimiento y transformación social de los últimos años, ¿cuáles son los principales desafíos para un movimiento como el Evita?

El desafío es seguir construyendo poder y organización popular. En este sentido, como lo señala Cristina, hay que institucionalizar este proceso, hacer conciencia en nuestro pueblo de las banderas que dieron origen al proyecto nacional y popular y transformarlas en organización. Por eso creo que mi tarea como referente del Movimiento Evita no es diferente de la que tengo que cumplir en la Subsecretaría de Agricultura Familiar: tengo que trabajar para que este sector social de los pequeños agricultores puedan organizarse y asumir nuestro mismo proyecto. ¿Por qué? porque eso va a perdurar en el tiempo. Entonces, institucionalizar el proyecto y construir organización popular es generar la defensa de todas las transformaciones que se lograron a partir de la implementación de este modelo de desarrollo con inclusión. No queremos que este proceso sufra un retroceso y, entonces, es importante que la defensa de las banderas que le dieron origen las tenga y cuide el movimiento popular para que se mantengan en lo alto y se pueda seguir transformando la Argentina.

También es uno de los referentes de la Corriente Nacional de la Militancia y recientemente lanzó junto a otros espacios, “Unidos y Organizados”. ¿Cuáles son los objetivos que se propusieron para estos espacios?

En primer lugar, cabe destacar que Unidos y Organizados es la fuerza que expresa más claramente la militancia que se enfrentó a las corporaciones. En el enfrentamiento con los grupos corporativos hubo participación de sectores juveniles pero también de muchos otros que nacen de enfrentamientos con las corporaciones del campo, judiciales, mediáticas y económicas. En ese marco, fruto de esta militancia nació este espacio que ocupa Unidos y Organizados. Por su parte,la Corriente Nacional de la Militancia es una alternativa política para dar disputas dentro del seno del Frente para la Victoria, que es nuestra herramienta electoral. Son tres herramientas diferentes que no deben ser confundidas. Ni Unidos y Organizados es la referencia electoral, ni la Corriente Nacional de la Militancia es la expresión del conjunto de la militancia que se dio en medio del enfrentamiento contra las corporaciones. Cada una tiene un papel diferente dentro del armado de “las mil flores”, tal como señalaba Néstor Kirchner, y, podríamos agregar, de “los mil canteros”.

Durante las elecciones recientes de Venezuela, los medios trataron de demonizar el proceso bolivariano e intentaron mostrarlo como el camino que la Argentina tenía que evitar. ¿Cómo analiza la agenda de las oposiciones políticas a los gobiernos populares?

Los movimientos populares en América Latina han obtenido en la mayoría de los casos alrededor del cincuenta y cinco por ciento de los votos. Creo que si fuéramos a una elección latinoamericana, también obtendríamos una cifra similar. La diferencia es que en algunos países el odio hizo que se juntaran todos -el agua y el aceite- “contra” y no “por” un proyecto diferente. En la Argentina es muy difícil que la derecha termine construyendo una alianza con determinados sectores progresistas que pretenden tener una crítica a nosotros desde ese progresismo. Yo digo que en la Argentina el proyecto nacional y popular sacó el ochenta por ciento de los votos, si uno lo toma en cuenta todo ese espectro. Cuando sacamos el cuarenta y cinco por ciento en el ´73, Perón decía -desde Madrid- que habíamos obtenido el ochenta por ciento. ¿Por qué? porque sumaba todos los sectores nacionales y populares y aislaba a los sectores oligárquicos o de la derecha. Hoy se puede hacer la misma lectura. En la Argentina la derecha está muy aislada y no logra constituirse en una alternativa política y eso es un problema, ¿Por qué?: porque tiene que mentir, tiene que engañar, tiene que utilizar a los medios, tiene que utilizar las movilizaciones por cuestiones secundarias, no digo por su importancia de los temas, sino porque en definitiva, no discuten un modelo de país. No discutir el modelo de fondo, que es el modelo de país. Eso genera, de algún modo, una desestabilización “democrática” que, quieran o no, termina desestabilizando porque no generan alternativa política. Ellos tendrían que plantear cuál es su modelo de país alternativo e ir a la disputa en base a modelos de país alternativos, no en base de estoy en “contra de” o “a favor de”. Creo que eso es un error y, más en general, conduce a un proceso que desgasta la democracia. Desgasta la democracia aquí, en Venezuela y en otros países también.

Los intentos desestabilizadores adquieren distintas herramientas. Un ejemplo de ello puede ser el caso de Lugo.

Claro, la desestabilización termina siendo el camino natural de un proceso que no expresa en forma democrática los proyectos de país alternativos. Acá lo vemos todos los días: si quiere construir un proyecto alternativo al nuestro, Magneto tiene que presentarse como candidato y el pueblo dirá si lo vota o no lo vota; que aparezca, que le conozcamos la cara. No le conocemos ni la cara a Magneto; y que lo lleve a Lanata de diputado si quieren construir un proyecto alternativo al nuestro. Pero sino, que se banquen la democracia. La democracia es alternancia en el poder pero construyendo alternativas políticas. Ellos no construyen una alternativa política y desgastan a la principal fuerza democrática de la Argentina que es el Frente para la Victoria. Creo que esa es una política que tiende a la desestabilización siempre de la democracia.

Históricamente en los sectores y partidos tradicionales siempre existían fuerzas de sectores más de derecha que estaban todos juntos dentro de la misma fuerza política. ¿Considera que el kirchnerismo y el Frente para la Victoria es la superación de esta cuestión y es, digamos, la consolidación de un partido progresista nacional y popular en Argentina?

No se si un partido, nosotros somos un movimiento; ya hemos pasado esa discusión. Somos un movimiento que expresa electoralmente las banderas del movimiento popular en la Argentina. Eso es lo que somos; no somos un partido político. Lo que sí expresamos es un proceso político democrático, insisto, del movimiento popular en determinado momento de la historia. Como en otro momento fue el FREJULI, o en otras ocasiones distintas expresiones, o el radicalismo, etc. En este momento histórico nosotros expresamos a la mayoría del movimiento popular en la Argentina

¿Cómo analiza la coyuntura política actual de cara a un próximo año electoral?

Nosotros tenemos que dedicarnos a gobernar y a resolver los problemas. Hay muchas enseñanzas filosóficas de Néstor y Cristina que considero que, cuando nos vayamos del gobierno, la filosofía política y los politólogos van a descifrar. Ahora se dicen muchas cuestiones erradas, hasta los nuestros; no teorizan sobre los verdaderos temas de transformación, insisto. Pero uno de los temas es que Néstor y Cristina han tenido en claro siempre que la manera de ir a la disputa política en democracia es resolver los problemas de la gente. Entonces, ¿a qué estamos abocados ahora? A resolver los problemas de la mayor cantidad de argentinos posibles, de generar hechos políticos, pero desde la gestión. Esa es la tarea principal. Después cuando llegue la elección, lo más tarde posible, hay que definir cuál es la estrategia electoral. ¿Para qué? Para que el período electoral sea lo más corto posible y no detenga el proceso de transformación, porque el período electoral detiene el proceso de transformación.

Hablaba de tratar de resolver los problemas a la gente. ¿Cuáles son los ejes principales para los próximos años de cara a la profundización del modelo de desarrollo con inclusión?

Para nosotros profundizar este modelo tiene que ver con lo político y con el modelo económico. En primer lugar, hay que decir que hasta acá hemos hecho muchísimas cosas y que este proceso no partió de la toma de la Bastilla, ni un 17 de octubre. Tampoco es un proceso de toma de los medios de producción, ni de la reforma agraria, ni ninguna de esas cosas. Este es un proceso de cambio y transformación diferente, en el contexto de una América Latina que va en esa misma dirección. Un proceso donde hemos aprendido, y en el cual todos los días hay que poner un ladrillo, como decía Néstor, para construir la casa común que es la justicia social, la independencia económica, la soberanía política y la unidad latinoamericana. Ese modelo común lo estamos construyendo colectivamente. Esto tiene que ver con el modelo de país pero también con la construcción política, es decir, mayor organización y participación popular. Todo eso conduce a la conformación de un modelo alternativo ¿Cómo va a ser ese modelo? Tampoco lo sabemos demasiado, porque no hay demasiados modelos alternativos exitosos en el mundo frente a este modelo neoliberal capitalista. Lo estamos construyendo, le estamos poniendo límites a ese modelo neoliberal y las próximas generaciones serán las encargadas de sostener uno nuevo. Hoy hay una base muy importante para construir un nuevo modelo de país: se ha recuperado la política, el estado, la independencia económica y la capacidad de decisión. Desde este punto hay que seguir construyendo todavía más, y será necesario más tiempo para construir el país justo que necesitamos y queremos.

En relación a la discusión de la reforma de la Constitución, los medios hegemónicos van a hacer hincapié en oponerse a la re reelección, pero también se trata de plasmar todo el proceso de transformación iniciado en 2003 en la Carta Magna ¿Coincide con este punto?

La constitución expresa es una correlación de fuerza en la sociedad de un determinado proceso histórico. Primero hay que construir esa correlación de fuerza; nosotros tenemos una tarea que es tratar de institucionalizar el movimiento popular para que no vuelva nunca más para atrás. Uno puede decir que las montoneras federales no tuvieron una propuesta de Constitución, pero también se puede decir que las montoneras federales no tuvieron nunca el poder, no lograron nunca definir una guerra civil encubierta que había en la Argentina. Después el ejército mitrista sí lo logró y fundó una Constitución: uno puede ver la historia desde distintos puntos de vista. Yo creo que primero vienen los avances populares y después las leyes terminan institucionalizando el proceso. Lo primero que se dio en la Argentina es que dos pibas se agarraron de la mano y se besaron en el medio de la calle Corrientes y después vino la Ley del Matrimonio Igualitario. Primero hubo una pelea en los derechos humanos que duró veinte años en Argentina y después vino la ley de nulidad de la obediencia de vida y punto final. Primero se peleó mucho contra el modelo neoliberal y después, a partir de eso fue posible el avance de Cristina y de Néstor. Entonces, creo que estamos en un proceso en el que va a haber que plasmar todo esto en una Constitución; pero ese proceso se va construyendo, insisto, todos los días.

Hoy en día, a diferencia del momento histórico de la primera constitución, estamos en un proceso de construcción democrática de transformación. ¿Cuándo va a ser e momento para la Constituyente? Va a haber un momento, que se caerá de maduro, en que va a ser necesaria una reforma para plasmar las transformaciones. La propuesta de modificación del Código Civil va en este sentido. Pero la discusión por una nueva Constitución tiene que darse alejada de la disputa política; eso también me queda claro. La política como lo coyuntural y la Constitución como algo estratégico. Insisto, primero tenemos que institucionalizar, como dice Cristina, este proceso. Esto quiere decir, generar conciencia en nuestro pueblo sobre las banderas que dieron origen a este proceso y transformarlas en organización; esa es la tarea de la etapa hoy. Después, si eso se logra, lo más probable es que venga una reforma constitucional.