Muchos de nuestros abuelos o bisabuelos se subieron a un barco en Italia y terminaron en este país austral en busca de nuevas oportunidades. Y además de su ética de trabajo y de ciertas inflexiones del idioma, lo que más dejaron fueron sus tradiciones; su música sigue resonando en los acordes del cuarteto, el lunfardo que ayudaron a crear es una marca indeleble en cada letra de tango que se escucha en el mundo y, todos los domingos, las cocinas siguen sirviendo un tradicional plato de pastas como se hacía en el viejo mundo.

La tradición italiana ayudó a formar las argentinas, haciendo que millones de personas sigan disfrutando el amor por las pastas, no importa si su apellido es Di Tullio, González o Johnson.

Es por eso que no es de extrañarse que, fuera de Italia, las mejores pastas se consigan en  nuestro país. Después de todo, la tradición y la experiencia que bajó de esos barcos se terminó replicando en los famosos bodegones y trattorias que al principio sólo estaban en el barrio de La Boca. Y si bien hay lugares que utilizan equipos que ayudan a armar la pasta rellena, como los que ofrece Gr-Maq, hay otros que siguen haciendo los ravioles y sorrentinos a manos, tal cual lo hacía la nonna el domingo desde temprano.

Es de esperarse entonces que, los miles de turistas que pisan nuestro suelo cada día, vayan a estos restaurantes típicos a buscar el sabor le cual tanto han escuchado hablar en el mundo. Es cierto que el turista suele reconocer nuestro país por la calidad y la cantidad de carne que abunda en las parrillas, pero también conocen la veta italiana que flota en nuestras venas.

Eso se hace mucho más evidente cuando empiezan a probar las dos vedettes de la cocina argentoitaliana: la pizza y las pastas. Con tan solo probar una de ellas, el hechizo está completo y el amor no va a desaparecer nunca.

SIn embargo, no todo tiene que ver con la utilización o no de máquinas (como las que se pueden ver haciendo clic aquí), sino con el amor, el empeño y la dedicación que se le da a cada uno de estos platos. Después de todo, no hay nada más fácil que hacer mal una receta, incluso siguiendo las instrucciones al pie de la letra.

Todo es cuestión de dar lo mejor a la hora de preparar el plato, de la misma manera que la nonna se levantaba el domingo con solo un objetivo: demostrar el amor hacia su familia de la mano del plato de pasta más delicioso que se pueda ver. Y esa tradición que se veía todos los domingos debería ser el punto de partida para aquellas personas que quieran preparar fideos, ravioles o incluso lasagnas.

Si la comida italiana funciona bien en Argentina es por esa tradición que tenemos grabada a fuego en nuestro código genético. Y por más que queramos intentar escaparle, no hay duda que es una marca indeleble que nos identifica y nos une como pueblo.